Simón Morales Tavío

| 19 octubre, 2013

Por Francisco Hernández Delgado [*,**]

El barrio de la Vera Cruz de la Villa de Teguise fue el escenario donde el timple lanzaroteño inició su andadura. Las puertas del ‘Taller de Artesanía’ se han cerrado otra vez el 12 de abril de 2013. El sonido del timple ya no sale por las grietas de la vieja puerta. Sus últimas notas se han mezclado, llevadas por el fresco y limpio viento de la Real Villa, allá en lo alto donde deambulaban desde 1967, cuando las manos del maestro Simón colgaron las herramientas, los bellos instrumentos, los barcos, las cajas de cedro, y dejaron paso al recuerdo, a la obra dejada, a la herencia artesanal.

Simón Morales Tavío en su taller de Teguise. Por cortesía de www.webdelanzarote.com

Simón Morales Tavío en su taller de Teguise. Por cortesía de www.webdelanzarote.com

Hablamos, sí, de la muerte de Simón Morales Tavío y de su hijo Juanele, setenta años de actividad. En la historia del timple conejero, varias son las páginas que llenan Francisco Tavío, Simón y su ‘Taller de Artesanía’, su hijo Juanele, Marcial de León, Manuel Lemes, Martín Cabrera y otros maestros del timple.

Simón Morales Tavío vino al mundo un 30 de octubre de 1897, en el pueblo de Soo. Sus vecinos vivían de la agricultura, de la ganadería y de la pesca. No existían escuelas. Algunos niños recibían la instrucción primaria en casas particulares, donde el maestro era pagado por los padres, y lo hacían con granos, de acuerdo con la economía de cada uno y a criterio del maestro. En las fechas en que nació Simón, José Rodríguez era el maestro particular del pueblo.

Lanzarote, a lo largo de su historia, ha vivido grandes periodos de hambruna. Ello obligaba a los vecinos a desplazarse a los lugares donde había un poco de alimento. Primero por la misma Lanzarote, luego por otras islas, y por último, a cruzar la mar, hacia las Américas.

Los padres de Simón, marineros y agricultores, se trasladaron a vivir a la Caleta de Famara, obligados por la sequía. Francisco Morales León y Vicenta Tavío Rojas conocían la Caleta, pues no en vano, el padre de Vicenta fue uno de los fundadores de las primeras viviendas de este núcleo perteneciente al municipio de Teguise.

Francisco Morales, padre de Simón, cuando no estaba embarcado dedicado a la pesca, ocupaba su tiempo trabajando la madera. De sus manos salieron varios trabajos encargados por los vecinos marineros y veraneantes, procedentes de la Villa y de Arrecife. Francisco Morales, cuando contaba con dieciséis años, quiso fabricar un instrumento musical, pues era también aficionado al cante y a la música, por lo que teniendo noticias de que en Arrecife había un señor que fabricaba instrumentos, bajó varias veces caminando por ver si podía adquirir alguno, y por fin, se lo pudo comprar a un majorero. A este instrumento, el padre de Simón lo llamaba tiple. Fijándose en sus formas, fabricó otro parecido, y posteriormente siguió construyendo guitarras y otros instrumentos.

La contemplación diaria de los barcos de la playa, el laborioso trabajo en madera de su padre, el contacto con la mar, la belleza del Risco de Famara, la impronta de los viejos marineros, fueron fraguando en la mente de aquel niño la semilla artística y su afición por la artesanía, que germinó a pesar de la situación económica de la época.

La Caleta sería la escuela natural de su vida, ese espacio donde recibía el influjo de las vivencias, de la experiencia y sabiduría que encierran la mar, el azul del cielo, la paz, la tranquilidad y los hombre de la mar.

El traslado a la Villa de Teguise supone el acrecentamiento del interés por saber y aprender. A sus iniciales conocimientos, se unió esa aureola cultural que siempre ha caracterizado a la Vieja Villa.

Las enseñanzas de su padre y el amor a la talla en madera le convirtieron en un excelente escultor, de cuyas manos salieron verdaderas obras de arte.

Pero el trabajo de Simón no fue valorado y mucho menos reconocido. El entonces joven artista de la artesanía siguió los pasos de sus parientes y amigos y buscó en Cuba los medios necesarios para volver a su isla y tratar de crear una familia.

El 20 de junio de 1920, el Consulado General de España en La Habana emite un certificado en que se hace constar que:

“En el registro de súbditos españoles que existe en este Consulado hay una partida señalada con el número 144545, que dice DON SIMÓN MORALES TAVÍO, natural de TEGUISE, provincia de CANARIAS, de 23 años de edad, estado SOLTERO, profesión jornalero y residente en La Antilla”

En Cuba, Simón se puso en contacto con algunos constructores de guitarras y conoció otros instrumentos parecidos al timple. Nos contaba su hijo, que allí vio también las nobles maderas con que fabricaban instrumentos, así que una vez que regresó a Lanzarote, comenzó sus trabajos de talla y confección de instrumentos musicales y queriendo transmitir sus conocimientos, se puso en contacto con algunos jóvenes de la Villa e instaló en una habitación de su casa un pequeño taller donde impartía sus saberes.

Simón aprovechaba su estancia veraniega en la caleta de Famara para construir barcos, como el Isla Graciosa, que compitió en Arrecife con el no menos célebre Porteño.

En los cuarenta del siglo XX, la fama de los timples de Simón ya se había extendido por las islas, por eso cuando el Capitán General de Canarias, García Escámez, decide crear en 1943 una ‘Escuela de Artesanía’ en Lanzarote, escoge la Villa de Teguise para sede de la misma.

Y cuando se reúnen con las autoridades provinciales y locales para designar al director de la Escuela, se aprueba por unanimidad que sea el maestro Simón Morales Tavío. Entre los argumentos que se exponen para tal nombramiento, se dice de Simón que:

“Maestro artesano que en la Escuela dirigirá la enseñanza de sus admiradas especialidades de construcción de instrumentos de música, labores de carpintería artística y de incrustaciones y tallas que tal suficientemente demostrado tiene, con la finalidad de que sus conocimientos perduren con los que inculque a aquellos discípulos suyos, dignos del maestro que se les presta y cuente Teguise en lo futuro con un núcleo de artísticas especialidades”

Para la administración y gestión de la ‘Escuela de Artesanía’ de Teguise se crea un Patronato, ingresado por Luciano Betancor Lemes (alcalde de Teguise), José Fajardo Morales (párroco de Teguise), Nicolás León Bonilla (jefe local del Movimiento) y Francisco Armas Perdomo (el maestro de instrucción primaria más antiguo de Teguise).

Entre sus alumnos figuraban: Juanele Morales, Julio Machín Morales, Francisco Ginés Hernández Rodríguez, Juan Hernández Oliva, Juan Armas García, Domingo González Batista, Enrique García Hernández y Florentín Rodríguez Saavedra.

Juan Lemes, el constructor de timples de calabaza, barcos y molinas de gofio, entre otros, manifestaba:

“Que con quince años empezó a ir a Teguise, en un burro, a la Escuela de Artesanía de Simón Morales Tavío, el que hacía los timples, aunque le pusieron a hacer loza de barro (lo que llamaban el picadillo canario, una especie de talla). Se fijaba en el citado maestro Simón, y hacía algún timple por su cuenta sólo mirando para aprender”

En el taller de Simón Morales se fabricaban hermosos cofres tallados, marcos e instrumentos. Pero la joya de aquel taller eran los timples. Simón había construido algunos barcos, y esa forma de la quilla, la plasmó en sus timples, razón por cual al timple lo llaman camellito.

Uno de los primeros timples de Simón Morales lo compró el majorero Vicente Morera.

Sebastián Jiménez Sánchez nos decía de Simón Morales:

“Era un virtuoso de la más selecta artesanía canaria de la madera, un auténtico artesano delicado en las especialidades dichas, en construir guitarras y violines, en la de estuches para los mismos, en cajas y pequeños y grandes cofres que enriquecía y ornamentaba con talla de filigranados y varios motivos”

Sus timples tenían peculiar secreto constructivo; poseían una técnica única y una mágica sonoridad, de ahí su fama y el que fueran muy solicitados. Obras suyas no faltaban en los obligados y protocolarios obsequios a cuantos visitaban la isla: jefes de Estado, príncipes, embajadores, gobernadores civiles, ministros, capitanes, artistas y hombres de ciencias y letras.

Su producción artesano-artística aparece diseminada por España, Inglaterra, Francia, Alemania, Holanda, Suecia, Filipinas y países hispanoamericanos. Sus timples están presentes en el Museo de la Música de Barcelona, de Nueva York, y en la Casa-Museo del Timple de la Villa de Teguise.

Los canarios que se encontraban luchando en la Guerra Civil española en 1937, le escriben a Simón Morales para que les mande un timple, y así alegrar aquellas duras noches de la guerra. Eran los hombres integrados en la ‘Batería Expedicionaria de Las Palmas de Gran Canaria’, que está en Robledo de Chavela de Madrid.

En la Exposición Nacional de Artesanía de 1953, Simón Morales presentó un timple que era una verdadera joya, valorado en 10000 pesetas.

Simón Morales, se había trasladado a Las Palmas de Gran Canaria por una consulta médica, puesto que se le había presentado una grave enfermedad. Allí, falleció un 5 de diciembre de 1967. La prensa recogió la noticia, valorando todos el papel desempeñado por Simón Morales.

El ‘Eco de Canarias’, del 8 de diciembre, decía:

“Se nos ha ido con este artesano y hombre de bien uno de los más grandes valores de la isla”

El semanario Antena, del 12 de diciembre, publicaba una noticia de la que destacamos lo siguiente:

“A las once de la mañana del miércoles, tuvo lugar el acto del sepelio del cadáver de Don Simón Morales Tavío de setenta años de edad… Simón Morales era un artista de primera calidad cuyo nombre pasará a formar parte de la historia de Lanzarote, e incluso de Canarias, pues desde hace más de cincuenta años se había dedicado a construir los famosos timples que llevan su nombre, perfectos de hechura y sonido, cuya fama llegó a traspasar el ámbito del archipiélago. Era además un hombre honrado, esclavo de su trabajo, por lo que la noticia de su fallecimiento a causado hondo pesar en Lanzarote… La Villa de Teguise sentirá desde ahora un inmenso vacío en el pulso artístico de su vida, porque Simón era un hombre único, excepcional e insustituible…”

Orlando Hernández, en el semanario Antena del 19 de diciembre, escribía un artículo bajo el título ‘A la muerte de Simón Morales‘:

El timple es tan pequeño y aparentemente infantil, que es capaz de mantener la alegría con la consistencia de un chiquillo. Pero aunque apareciera sin secretos, aunque todos creyéramos que su vida no tenía más misterios que el de alegrar los caminos parranderos, alguien guardaba por él, esa caja de resonancia peculiar, que le hacían único en sus sonoridades.

Ese hombre era el lanzaroteño que se nos acaba de morir, Don Simón Morales Tavío, la única mano artesana que supo hacer el timple a imagen y semejanza de los sentimientos folklóricos del canario.

Un timple que no llevara su cuño era algo así como un fraude a la emoción cantarina del isleño. Centenares de camellitos salieron de las manos del hombre que acaba de marchársenos, dejando la última nota en los caminos de la fiesta parrandera de Jinámar.

En los caminos del sur han sonado, de fijo en esta montaña, timples ateridos de inexplicable nostalgia. Quizá la mayoría de cuantos le arrancaron sus sentires en la Inmaculada de Jinámar, ignoren que el artífice inevitable de este instrumento, ha callado para siempre.

Dicen que Simón Morales Tavío construía también barquillos de esos que parecen de papel cuando se acuestan a la orilla de nuestras playas, que luego, en la mar hacer labor de bajeles al servicio de esos pescadores nuestros, que a fuerza de sacrificios han entrado en la leyenda.

Barquillos y timples se asemejan en su fragilidad para cantar ritmos de mar o de la tierra, arados con iguales sacrificios. El barquillo es como la danza, y el timple la voz que nos alegra los momentos de desahogo isleño.

Majorero fue el primero que quiso darle rango de salón a este instrumento, que a semejanza del hombre, tiene cinco cuerdas como cinco sentidos. Nos referimos a Casimiro Camacho, aquel que un día recalara por nuestra ciudad, enseñándonos las valentías del timple, que aparecía en sus manos como desafiando los campos de la guitarra. Ya no era sólo la folía o los aires isleños, sino la osadía milagrera de su capacidad de mitificación.

Pero el timple no se hizo por eso. Es instrumento que le basta con sus caseras andaduras, las que le soñara en su taller de Teguise el confeccionador inimitable que acaba de írsenos. Dicen que se ha llevado a la tumba ese no sé qué que venía a ser como el duende del timple, y que ni siquiera sus hijos fueron capaces de aprender el soplo mágico que sus manos le daban, pero el timple puede que aprenda por sí solo, algo que su artífice no tuvo tiempo de enseñarle: a dejar unas lágrimas de despedida, acompañando a su creador a esta romería definitiva.

Con la muerte del lanzaroteño Simón Morales Tavío, se va de las islas algo así como el más celoso guardador de los secretos de sus melodías.

El barrio de la Vera Cruz de la Villa de Teguise, es una de las zonas más antiguas de la antaño capital de Lanzarote. Se llamó barrio de la ‘Pelota Mano’, porque allí se practicaba este deporte hace unos quinientos años. En este barrio, Jeremías Dumpiérrez, Francisco Morales, Juanele Morales, Marcial Santisteban, Manuel Hernández, Martín Martín, Juan Lemes y tantos otros, son los herederos de Simón que continúan dando vida al timple, patrimonio de la Cultura del Pueblo Canario.

La Casa-Museo del Timple y el ‘I Encuentro Forotimple’ son la garantía, el compromiso de los que aman y sienten esta tierra, de los que se comprometen al estudio, promoción y divulgación de la historia de este instrumento, uno de los más importantes de la tradición musical de Canarias.

[*]Francisco Hernández Delgado es el Cronista Oficial de la Villa de Teguise. Esta crónica fue expuesta a los asistentes del ‘I Encuentro Forotimple’.
[**]Documentación recopilada por Luis Miguel Azofra.

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Categoría: Artesanía, Luthiers, Timple tradicional

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